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La validación terminológica y la relectura final de los textos traducidos


a. El narcisismo de los traductores y el "menos mal que estaba ahí" de los técnicos
El ocasional narcisismo de los técnicos (a veces encargados de la corrección de textos) no es menor al
¡proverbial! de los traductores. Éstos, normalmente silenciosos y escondidos tras sus líneas y diccionarios, pueden sufrir grandes descargas de adrenalina y arrebatos locuaces cuando se toca uno de sus sintagmas. Parece que no hay nada que provoque más conflictos en el universo de la logosfera, macrocosmos de la subjetividad por excelencia. La experiencia aconseja comenzar por la validación de los glosarios. De hecho, no es raro que los técnicos-correctores no resistan la tentación de valorizarse también ("¡menos mal que estaba ahí!"), a expensas de los pobres traductores, muy expuestos desde el punto de vista profesional.

b. Los técnicos que, por desgracia, acaban haciendo de copywriters
Talvez no dejará nunca de sorprendernos esa tendencia propia de los técnicos-revisores de intervenir más en el estilo que en la terminología. Mientras que su aportación es estrictamente necesaria para la validación de glosarios y el control final de la fraseología técnica, es bastante habitual que prefieran dedicarse a la reescritura de los textos introduciendo, incluso, correcciones que pueden resultar hasta pesadas. Y, ya que los técnicos no tienen fama de ser grandes copywriters, los resultados pueden acabar siendo desastrosos.

c. Las correcciones de autor sin decirlo o sin saberlo: ¡más vale prevenir!
Lo que es aún más grave es que el Cliente
(los copywriters de la casa matriz) no está informado de estos cambios en los textos originales. De hecho, se llega al caso de que el técnico-revisor, aunque con sus mejores intenciones, "mejora" el texto (de buena fe) sin "darse cuenta" y... sin decirlo. Los responsables de la edición del Cliente alófonos en el mejor de los casos a veces terminan espantados ante la hecatombe de las correcciones y comienzan a dudar sistemáticamente de todo: de sus técnicos-correctores y sobre todo ¡de las propias traducciones!

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