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La propiedad industrial de las palabras
La determinación de los nombres de marcas no se puede confiar únicamente a la imaginación de técnicos o gestores de marketing.
Su indispensable intuición se ha de validar por la pertinencia filológica de lingüistas que garanticen una buena base ortográfica y morfosintáctica de los neologismos en cada lengua.
La defensa de la propiedad intelectual también lo exige. Tanto más cuanto que las inversiones en la protección de marcas en el plano internacional (y país por país) conllevan considerables riesgos económicos. El "goodwill" del producto y de la empresa dependen de ello.
Antes de registrar una marca en una Oficina de Patentes y Marcas, en cualquier país (o en la OMPI o la OHMI de Alicante), más vale consultar a una oficina de Eurologos.