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Todo el patrimonio técnico y cultural de la traducción multilingüe
La globalización de una empresa para conquistar los mercados internacionales sólo es posible si se traduce y valida, previamente, toda la terminología técnica específica de su campo de especialización productiva. El trabajo necesario para conseguir la pericia y el patrimonio tecnológico de la empresa (a menudo realizados y acumulados durante varios años) se resume en la palabra “tecnolecto”: la jerga precisa e indispensable para definir los productos o servicios y sus procedimientos de fabricación.
Obviamente, se tiene tendencia a subestimar este patrimonio por su limitada visibilidad y por su apreciación poco objetiva. A menudo su valor es inversamente proporcional al “descuento” cultural del valor de la empresa.
Sin embargo, la conquista de un nuevo mercado significa estructurar y validar primero este patrimonio en la lengua y la cultura del país o de los países de destino.
Sin embargo, existe una tendencia a sobrestimar la función de las filiales y de los distribuidores locales en las definiciones glocales de términos y fraseología que constituyen el inestimable tecnolecto de la marca.
A menudo nos damos cuenta, demasiado tarde, de que con esta subcontrata conceptual exclusiva de los técnicos locales, el valor esencial del good-will de la marca ha sufrido unos daños económicos que podrían llegar a ser incluso estratégicos.
Por eso hay que establecer una relación estructurada y tripolar entre el “Cliente” de la sede, el cliente “Local” y la “oficina Eurologos” glocal.
La validación del tecnolecto en las memorias de traducción, tanto por parte del cliente como de Eurologos, es el objeto de esta relación en la que se reequilibra el monopolio del técnico “local”, utilizando sus competencias sin sobrestimarlas peligrosamente.